Construyendo comunidad en Tarmas 1/4. El entorno histórico-cultural de las artes tradicionales

I. El entorno histórico-cultural de las artes tradicionales en Tarmas

 

Katrin Lengwinat[1]

 1. Aspectos históricos de la región

La población de Tarmas pertenece al actual estado Vargas, que es el centro del litoral venezolano. Su territorio comprende zonas costeñas y montañosas que se elevan hasta 2000 metros, quedando Tarmas a una altura de unos 700 metros sobre el nivel del mar. A aproximadamente media hora se encuentra la capital del estado, La Guaira, que aloja uno de los más importantes y antiguos puertos y que es y ha sido a la vez puerta cardinal de entrada al país.

Los territorios del Litoral Central de Venezuela eran originalmente habitados por los indígenas arawaco y fueron conquistados eventualmente por la tribu caribe (Acevedo 2010). Las principales tribus caribe que se asentaron en el Litoral Central fueron los Taramas y los Caracas. Durante todo el siglo XVI se va consolidando la colonización, comenzando por la licencia otorgada por la Reina Isabel de Castilla en 1503 para la reducción de las tribus caribe en las costas venezolanas. A partir de ahí, los ataques por parte de conquistadores y comerciantes de esclavos aumentaron considerablemente y muchos indígenas perecieron o fueron tomados como esclavos. Dice Acevedo (op. cit.) acerca de esto:

Del mapa del Estado Vargas -en realidad de todo el centro de Venezuela-, desaparecieron las tribus otrora prósperas y numerosas. A lugares remotos son enviados los pocos que quedan, humillados, maltratados, violentados: Tarmas es uno de aquellos llamados “resguardos indígenas”.

Pero en este proceso destaca por otro lado la actuación de caciques locales como Guaicamacuto, Catia, Guaicaipuro, Maiquetía, Naiguatá, Pariata, Guaracarumbo y Caruao. Según Acevedo (op. cit.), citando a don Juan de Pimentel en su Relación geográfica de 1578, los Taramas “… constituyeron la mayor población indígena de la región central, … en las costas y las montañas por encima de Macarao, en el actual Estado Miranda”[2]. Estos grupos no tenían diferencias sociales de clase ni propiedad privada que no fuese un excedente productivo. Apoyando a su cacique su conciencia colectiva era aún mayor.

plano de vargas 1578 Juan de Pimentel

Fig. 1: Plano de Vargas según Juan de Pimentel (1578)
(http://patrimoniodevargas.blogspot.com/2011/08/planos-y-mapas.html Consultado 1-07-2015)

Para el año 1589 se funda el puerto de San Pedro de la Guaira, y es justamente la trata de esclavos que lleva a La Guaira a ser una localidad de importancia. Para el año 1590 llegan a Venezuela unos 3000 esclavos africanos (Benítez 2015: 11). Y en esa época se reparten muchas tierras, se desarrollan numerosas haciendas en la zona, se establecen encomiendas y se fundan pueblos como  Camurí, Maiquetía, Carayaca y Tarmas (Proyecto 2005: 38). Sin embargo, los asentamientos más criollos se establecen con mayor fuerza a partir de 1700. Ya los esclavos de hacienda, que eran grupos pequeños, establecían una animosa unión debido a su igualdad de condiciones y valores en común que los conducía a la resistencia y hasta la rebeldía. En los pueblos, conglomerados de personas de diferentes estatus sociales, igualmente se crean comunidades o grupos que se cohesionan desde sus intereses y necesidades, la solidaridad, sistemas de seguridad y proyectos en común. La generación de costumbres, de códigos compartidos, de acciones conjuntas permitía la construcción de una conciencia colectiva. Y fue justamente en el siglo XVII, cuando se conformaba la nueva idiosincrasia del continente (Vilda 1999: 53).

La economía aportó un ingrediente fundamental a ese proceso. Al asumir la Real Compañía Guipuzcoana desde el siglo XVIII la regulación de la economía de puertos en La Guaira, se logra dinamizar las actividades económicas en la zona, en especial el tráfico de cacao[3]. Es el cacao que trae riqueza a la zona en ese período. El y el cultivo de la caña de azúcar acentúan la diferencia entre las clases sociales, entre patrones y peones. Las otras clases populares, no insertadas en la producción hacendera, vivían en general de la pesca y la agricultura de subsistencia.

En 1797 se daría inicio al movimiento independentista organizado por Manuel Gual y José María España, nativos de La Guaira[4]. Y en 1810 La Guaira es la segunda localidad en unirse al movimiento de la Independencia gestado en Caracas. Luego del terremoto de 1812, el cual afectaría gran parte de las estructuras del puerto, éste fue transformado en centro de prisioneros patriotas[5]. Así el siglo XIX está repleto de guerras y enfrentamientos bélicos, dirigidos por caudillos locales, apoyados por los pobres que vinculan con ello la esperanza a una vida más digna. Esas penurias aportan a un mayor acercamiento y el mutuo apoyo entre los afectados. Así se fortalece durante esa época la consolidación de los poblados y sus costumbres al lado de otras grandes transformaciones como la abolición de la esclavitud en 1854 y los avances tecnológicos con la construcción del ferrocarril hacia Caracas.

La zona del litoral es rica en manifestaciones culturales de diversa índole que se han nutrido de los diferentes poblamientos y enfrentamientos y que sobre todo han respondido a las necesidades de crear y mantener una identidad y de formar una firme unión contra los disímiles invasores. Vamos a ocuparnos de dos de ellas: del Entierro del Carnaval y de la Fiesta de San Juan.

2. El carnaval y su entierro

El carnaval indica desde tiempos cristianos y con ese mismo nombre el fin de la temporada de consumir carne, intervalo que dura hasta la Semana Santa. Las raíces de esta festividad primordialmente mundana se remontan a las fiestas primaverales en Europa, donde se espantaban con máscaras y bulla a los demonios de invierno para que renazcan las tierras y se igualara el día con la noche. Pudiera haber también un antecedente en la Antigüedad, cuando en 3000 a.C. en Mesopotamia y Babilonia se celebraba al comienzo del año por una semana la boda de un Dios y nadie tenía que trabajar. Además, en esa oportunidad el esclavo era igual al patrón por un día, elemento que allí aparece por primera vez en la historia. En las Saturnalias romanas también celebraban todos juntos, esta vez con desfiles en carros navales adornados = carrus navalis.

Más tarde, ya en la Edad Media, la Iglesia fijó el momento de la Semana Santa y el papa Gregorio I introduce en el año 600 la Cuaresma que representa el tiempo que Cristo había pasado en el desierto. Pero igualmente se pueden considerar antecedentes las fiestas de bufones medievales en la Europa de los siglos XII a XVI, que se celebraban en el mes de enero en las iglesias, pero no eran eclesiásticas y en las cuales el clérigo bajo asumía por poco tiempo rango y privilegios del clérigo alto. En parte se parodiaban los rituales eclesiásticos y en las  procesiones participaba el pueblo. Durante el mismo carnaval había misas y personajes bufones. Esto se permitía, porque el bufón era símbolo de algo efímero.

El carnaval siempre ha sido, pero especialmente lo es en tiempos de mayor opresión, un medio único para criticar los poderes y poder ir contra de las reglas y convenciones sin ser castigado, ya que estas acciones son calificadas como una broma carnavalesca.

El carnaval finaliza un martes, el cual es seguido por el Miércoles de Ceniza, día cuando comienza la Cuaresma. Ésta tiene un sentido penitencial para los cristianos, simbolizado por recibir una cruz en la frente con cenizas, mientras el sacerdote pronuncia las palabras Memento homo, qui pulvis es et in pulverem reverteris (Recuerda, hombre, que eres polvo y al polvo volverás), recordándoles a los creyentes que la vida es pasajera. A nivel de religiosidad popular el Entierro de Carnaval que se celebra el Miércoles de Ceniza, se traduce en un último intento de alegría, despidiendo o enterrando esa época de desenfreno con la misma simbología eclesiástica: entierro de un costillar, un tocino o también una sardina con un amplio ritual fúnebre – que simboliza lo pasajero.

En los pueblos donde se celebra… [suele usarse] una figura que va acompañada de un cortejo fúnebre y burlesco. Esta figura alegórica es unas veces quemada y otras enterrada o echada al agua. Su significado de muerte simbólica lleva implícita la resurrección dentro de un plazo anual, que mientras se alcanza a cumplir, se cree brinda protección y fertilidad a los participantes de este ritual. (Fuentes y Hernández 1990: 4)

Carnaval y entierro

En Venezuela se encuentran dos grandes tradiciones que se relacionan con el entierro: el baile de la Hamaca en Puerto Cabello, donde se dramatiza la muerte de un integrante de la comunidad que es envuelto en una hamaca y enterrado y el Entierro de la Sardina que se celebra en las comunidades de Naiguatá, Osma, Higuerote, Carenero, Río Chico y Tarmas.

El Entierro de la Sardina tiene sus raíces indudablemente en España, donde se celebra en variadas poblaciones hasta la actualidad. Varias hipótesis sobre el origen de esta tradición se remontan al gobierno de Carlos III en la segunda mitad del siglo XVIII (Barreto 1993: 260). Pero los campesinos tenían la acostumbre de enterrar un costillar de cerdo al que se denominaba “serdina”, significando la prohibición de comer carne, pero convertida con el tiempo en “sardina” (Rabanal 2008). De igual manera, en otras  teorías opinan que el Entierro de la Sardina se realizaba para lograr abundante pesca.

El registro oficial más temprano en Venezuela existe para Naiguatá en el año 1915 (Aponte 2008). Sin embargo hay quienes adscriben la manifestación primero a Tarmas, donde se instaló supuestamente a principios del siglo XIX[6].

Con el Entierro del Carnaval se cierra un ciclo de amplio compartir, de estar unido con su comunidad, de un desborde de alegría, pero también de solidaridad al acompañarse en ese último acto de luto y de cooperar en la organización, elaboración y el disfrute de comidas conjuntas. Ahora entra la Cuaresma que representa más bien austeridad, tranquilidad e introspección.

3. Las fiestas de San Juan

Las celebraciones europeas de las fiestas a San Juan Bautista también están vinculadas con ancestrales fiestas paganas, allí con las fiestas solsticiales, donde se encendían hogueras, relacionando la invocación del fuego con los rayos solares para dar mediante este rito más fuerza al sol. Según Caro Baroja (referido por Tovar 2010: 69) los motivos que tuvieron los primeros cristianos para celebrar el nacimiento de Jesús y de San Juan eran pragmáticos: “para borrar las fiestas paganas que tenían lugar en dichos períodos del año”, y tampoco es una simple casualidad que celebraciones litúrgicas de tal magnitud se encuentren en fechas exactamente opuestas.

El Evangelio relata que Juan nació como hijo de padres ya mayores. Cargado de alegría por ese casi milagro, el padre Zacarías encendió hogueras para anunciar a parientes y amigos la noticia. Juan se entrega después a la penitencia y oración, y anuncia la llegada del “reino de Dios”, bautizando a los arrepentidos, quienes  eran purificados simbólicamente con agua, elemento con el cual la fiesta sigue fuertemente relacionada hasta hoy en la religiosidad popular.

Al comenzar la época colonial, la fiesta de San Juan era la celebración más popular en España y en otras partes de Europa. Según Tovar (2010) la fiesta giraba alrededor de varios elementos como el agua, el sol, el fuego, la vegetación, el amor y el sexo, y también se vinculaba con rituales agresivos y sacrificiales. Era propiciatorio bañarse en las diferentes fuentes de agua y festejar junto al agua a la cual le atribuían virtudes milagrosas ese día. Parece que era una “noche de libertad general donde todo estaba permitido” (Tovar 2010: 37)

Fiestas de San Juan

Los españoles transferían a Latinoamérica su calendario festivo, por un lado para conservar sus tradiciones y su identidad como grupo en un ambiente esencialmente extraño, y por el otro cumplía una función fundamental en la evangelización y la sumisión social y política de los indígenas y afrodescendientes (Tovar  2010: 107). Mientras que en el siglo XVI los conquistadores admitían por lo general aún el uso de danzas, cantos y vestimenta propios en esas ocasiones, durante el siglo XVII creció la intolerancia hacia esos elementos, razón por la cual comenzó a desarrollarse una fiesta sincrética, con apariencias católicas, pero devociones y simbologías ocultas (Tovar  2010: 118).

El Bautista tiene fuerte presencia entre otros en Brasil, Bolivia, Chile, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela y sus celebraciones un profundo arraigo popular. Sin embargo sus significados ya no están asociados a los solsticios, y en el caso de Venezuela se impregnó de africanías.

San Juan es homenajeado en unas doscientas poblaciones venezolanas y en más de la mitad de ellas ni siquiera es patrono (González 1995: 37-38). Es el caso de los asentamientos otrora afrovenezolanos: allí es agasajado con tambores e idiófonos como el protector de campesinos, artesanos, bailadores y músicos.

Los “excesos mundanos” ya estaban presentes en las primeras manifestaciones de fe hacia San Juan Bautista en distintos pueblos de Venezuela. Eso se puede constatar en las advertencias de las autoridades eclesiásticas como el Obispo Mariano Martí, quien se refiere y prohibe los bailes sensuales al ritmo de música en un contexto de grandes jolgorios, como la celebración de San Juan.

Es una fiesta y un ritual que desde comienzos se basa en una cofradía, en unión, solidaridad, compartir, construcción de identidad y expresividad propia. En relación con la búsqueda de libertad dio incluso origen a rebeliones de esclavos en la Noche Buena de San Juan.

Ya los negros tenían la costumbre por esta época de hacer ciertos rituales en especial el día de San Juan, quien representaba para ellos la libertad ya que era el único día libre del año que el patrón le daba. Los curas y los amos, se dice, se sentían inquietos por los rituales que hacían en los ríos y quebradas, las procesiones nocturnas y los roces al bailar. (Tríptico V, 2014)

Así la conmemoración del santo, implementada por la iglesia y apoyada por los amos esclavistas, adquirió una profunda resignificación. Según Liscano (1973: 45-46), durante los siglos XVII y XVIII encubría la devoción hacia una deidad africana.

Los pueblos de la costa del Litoral Central tienen sus fiestas particulares para esa fecha. Es una zona considerada relativamente homogénea en cuanto a sus expresiones musicales, pero con conjuntos instrumentales variados.

Sabemos que en 1721 se funda la cofradía de San Juan Bautista en la Guaira (Proyecto 2005: 43) y desde mediados de 1700 se supone se instala la fiesta también en Tarmas (Tríptico V, 2014). Hasta hoy las fiestas sanjuaneras se entienden y representan como una histórica resistencia orgullosa de la negritud (Guss 2005: 62, 70) y como alianza de su comunidad con circunstancias de vida, intereses y objetivos en común.

 

REFERENCIAS

Acevedo Torrealba, Jesús (2010). Toponimia indígena del municipio Vargas (Venezuela). http://www.monografias.com/trabajos81/toponimia-indigena-del-municipio-vargas-venezuela/toponimia-indigena-del-municipio-vargas-venezuela.shtml  Consultado el 15-05-2015

APONTE, César (2008). El tradicional Entierro de la Sardina de Naiguatá.

http://cesaraponteron.blogspot.com/2008/03/el-tradicional-entierro-de-la-sardina.html  Consultado el 02-11-2012

BARRETO, Carmen (1993). El carnaval de Santa Cruz de Tenerife: un estudio antropológico. Tesis doctoral Universidad de la Laguna, Tenerife

BENÍTEZ, Daniely (2015). La música en torno a la tradición de El Niño Jesús de Tarmas. Trabajo de grado, UCV, Caracas

FUENTES, Cecilia y HERNÁNDEZ, Daría (1990). El entierro del carnaval en Europa y países Iberoamericanos. Revista Bigott no. 17, Fundación Bigott, Caracas

GONZÁLEZ, Enrique (1995). Con tambores y sin ellos, el país entero baila el San Juan. Revista Bigott no. 35, Fundación Bigott, Caracas

GUSS, David (2005). El estado festivo: raza, etnicidad y nacionalismo como representación cultural. CONAC/FUNDEF, Caracas

INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL (2013). Centro Histórico de La Guaira. http://rpc-venezuela.gob.ve/id/_c_/3551/centro-historico-de-la-guaira  Consultado el 10-02-2015

LISCANO, Juan (1973). La fiesta de San Juan el Bautista. Monte Ávila, Caracas

PROYECTO Memoria de Vargas, Primera etapa (2005). Fundef, Min Cultura, Unesco, Caracas

RABANAL SANTANDER, P. (2008). De cerdina a sardina. http://elavisadordebadajoz.zoomblog.com/archivo/2008/02/06/de-cerdina-a-sardina.html  Consultado el 02-11-2012

TOVAR Zambrano, Bernardo (2010). Diversión, devoción y deseo. Historia de las fiestas de San Juan (España, América Latina, Colombia). La Carreta Editores E.U., Medellín

Tríptico V. Desmembramiento y Reconocimiento. Tarmas 2014, publicación informal

VILDA, Carmelo (1999). Proceso de la cultura en Venezuela. UCAB, Caracas

 

[1] Profesora Asociada de Unearte, con algunos aportes de los estudiantes del PNF Música Erik Boncore y Rossybell González

[2] De Pimentel, J. (1578). Relación geográfica de Nuestra Señora de Caraballeda y Santiago de León. Citado por: Arellano, A. (1964) en Relaciones Geográficas de Venezuela, A. N. H., Caracas, y por: Acevedo, J. (2010)

[3] Instituto del Patrimonio Cultural (2013)

[4] ídem

[5] ídem

[6] Entrevista al músico y cultor Deiviz Yánez, Tarmas 2-2012