Construyendo comunidad en Tarmas 4/4. El Entierro de la Sardina

IV. El Entierro de la Sardina de Tarmas

Espacio para la reflexión y el encuentro entre amigos

Ruth Suniaga[1], Marta Pedrad[2]

 

La documentación consultada hace concluir, hasta ahora, que El Entierro de la Sardina”en Tarmas trata de una de las fiestas propias del carnaval, que como gran celebración cristiana fue introducida en América por los invasores españoles. Como en todas éstas, la caracteriza, entre otras cosas, la necesidad de consumir todas las carnes antes del Miércoles de Ceniza, otra fecha cristiana, la cual indica el inicio de un ciclo de penitencia que culmina con la fecha de la muerte de Cristo. El Miércoles de Ceniza les instruye a los creyentes de Cristo una obligatoria renovación de sus votos; durante los primeros años de su institución por la iglesia católica se debían guardar las palmas sagradas del Domingo de Ramos para quemarlos el próximo año junto con los restos de ungüentos y otros objetos rituales, y con ellos se cubrían de ceniza el cabello o la frente para recordar la renovación por la penitencia y el tránsito por la muerte para lograr la resurrección.

Muchos historiadores y analistas coinciden en atribuirle al carnaval inventado por los cristianos un carácter festivo, de todo tipo de permisividades y de desbordamiento gastronómico cuyo significado es la afirmación de la vida, en contraste con el período de Cuaresma, período de 40 días contados desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Ramos, el cual recuerda el inevitable enfrentamiento con la muerte.

El Entierro de La Sardina es una de las celebraciones desarrolladas durante el carnaval cristiano. Como tal, se encuentran referencias de ella en diversas zonas de España como Madrid, Murcia, Ávila, Segovia, Mérida, La Coruña, Islas Canarias desde hace al menos tres siglos. Tales referencias coinciden en la descripción de un desfile de enmascarados de todo tipo de personajes, entre ellos, un pez que protagoniza la procesión. Las innumerables reseñas bibliográficas y, sobre todo, en páginas web, demuestran la popularidad de esta manifestación en España; pero, tal vez, lo que marcó su fama mundial fue la captura que hizo de ella el pintor español Francisco de Goya en una pintura al óleo del mismo nombre El Entierro de la Sardina, fechada entre 1812 y 1819, donde supo expresar su sentido transgresor, en señal de crítica a la decisión de Fernando VII, quien había prohibido estas fiestas.

Como es sabido, parte de la penitencia que se inicia con el Miércoles de Ceniza está la prohibición del consumo de carne y de cualquier derivado animal, por lo tanto ese día es el último de este período que permitiría la creencia católica, cuya lógica indica referirse a la carne de cerdo (o cerdina[3]) principalmente, el cual debía enterrarse en señal de penitencia. Entre las crónicas referidas al origen del nombre de la manifestación cabe destacar la atribuida a una confusión lingüística que, por error popular de pronunciación hizo asociar el término cerdina al del pescado sardina. Otra crónica reseña la anécdota de un lote de peces que por su abundancia y por razones climáticas corrían el riesgo de dañarse, lo que motivó al rey Carlos III a ordenar su entierro.

Por una no muy aconsejable costumbre se asocian manifestaciones de gran parecido observadas en distintos poblados de países latinoamericanos, las cuales se bautizan, por consiguiente, como herencia cultural de los colonizadores europeos. Así, podemos ubicar Entierros de la Sardina y Entierros de Carnaval en Colombia, en varias poblaciones de Panamá (se destacan Las Tablas, Los Santos, Penonomé y Ciudad de Panamá) y en Venezuela, específicamente en los pueblos de Naiguatá, Osma y Tarmas, del estado Vargas, Curiepe del estado Miranda y Puerto Cabello del estado Carabobo. Cada una de las cuales amerita una descripción y análisis particular. Indiscutiblemente, en casi todos los pueblos del mundo encontraremos fiestas de gran colorido, pasacalles y mascaradas que han podido agruparse bajo la denominación de carnavales. No viene al caso enumerarlas ni establecer relaciones de origen o parentesco histórico; aunque no está de más recordar que en Venezuela tenemos un abanico de ellas por regiones y estados, sólo para aclarar que el carnaval no es una invención exclusiva del cristianismo.

Por su autenticidad, en especial en lo musical y en lo íntimo de su carácter colectivo, características desconocidas en el resto del país, nos interesa aquí destacar las distintivas de El Entierro de La Sardina de Tarmas.

Posiblemente desde hace más de dos siglos[4], según testimonios de los propios cultores, las campanas de la emblemática iglesia[5] se dejan escuchar el día miércoles cuando comienza la cuaresma, o día de la ceniza, como se dice en el pueblo de Tarmas. Este llamado, que hoy día sucede a las doce del mediodía, da pie al cierre del carnaval con la salida de La Sardina. Un grupo de niños y adultos inician un recorrido por callejones del pueblo cargando una sardina de cartón forrado en papel aluminio, metida en una urna hecha de madera adornada con muchas flores de papel de variados colores.

Recorrido de La Sardina. Foto: Adriana Peña, Tarmas, 18/02/2015 Recorrido de La Sardina. Foto: Adriana Peña, Tarmas, 18/02/2015

Calle arriba, calle abajo, cultores y visitantes van cantando y parándose de puerta en puerta para pedir una colaboración destinada a la realización de un sancocho que compartirán todos al final del día en los alrededores de la plaza. Muchos vecinos preparan su aporte y esperan en las puertas de sus casas pendientes del paso de la parranda: cambures verdes, topochos, plátanos, ñame, apio, yuca, papa, auyama, ocumo, repollo, zanahoria, cilantro, culantro, ají, ajo, pimentón, cebolla… se van recogiendo en un saco y enviando a una casa cercana a la plaza donde otro grupo de cultoras van adelantando la preparación. A falta de verduras también se colectan sardinas, atún y pepitonas enlatadas que son preparadas en ensalada acompañada con cambur verde sancochado, plato típico tarmeño que sirve de entrada[6] al sancocho.

Esta solicitud, acompañada con ritmo de joropo por un cuatro, tambora pequeña, maracas, charrasca y (o) plato de peltre con cucharilla, caracteriza el pasacalle o canto principal de la parranda de La Sardina tradicional tarmeña:

 El que no le de

nada a La Sardina

mañana amanece

como una misma cochina

 

Y mostrando el saco y el pote la guía[7] dice:

Mándalo a buscar,

mándalo a buscar

en un perolito[8]

que no cuesta más que un real

 

La guía alterna versos improvisados con otros ya parte de la tradición, entre los que cuentan anécdotas de personajes del pueblo:

Pepito tenía un burrito

Pepito montaba en él

cuando iba pa`Caracas

el burrito iba con él

Canción de la Sardina de Tarmas. Transcripción: Andrés Cartaya

Canción de la Sardina de Tarmas. Transcripción: Andrés Cartaya

Cuando algún vecino/a no atiende expresamente el llamado de la parranda se le grita a coro en broma ¡cochina/o!… pero también la guía le dedica algunos versos:

Óigame vecina

y usted qué me va a dar

si no tiene nada

no se vaya a preocupar

 

Esto sucede cuando las personas desconocen la tradición, ya que siempre hay nuevos vecinos en los distintos sectores de Tarmas. Por otro lado, subyace la conciencia por parte de los cultores de esta parranda que la misma enmarca celebraciones católicas, las cuales no siempre son compartidas por todos los habitantes.

Las letras y músicas de la parranda de La Sardina de Tarmas han sido compuestas por varios autores-cultores, algunos ya fallecidos. Gran parte se le atribuye al aún patrimonio viviente  Simón Díaz, músico muy apreciado por sus paisanos tarmeños.

Durante el recorrido se animan con otras parrandas, tonadas y fulías, que forman parte de la tradición musical de Tarmas como Compadre Eloino, La Chispa, La Cucaracha, El Medio Quince, El Chivo y otras de sus poblados vecinos.

Otra característica propia de La Sardina de Tarmas, a diferencia de El Entierro de La Sardina de otras regiones de Venezuela, es su parecido con las parrandas del Niño Jesús, ya que debe recorrer el pueblo entero, visitando casa por casa[9], con la diferencia de que en este caso se visita para pedir algún ingrediente para el sancocho.

Ya casi al final de la tarde el pasacalle regresa al punto de partida, la plaza, donde se sacan las cuentas de lo recaudado para comprar lo que falte para el sancocho. Mientras éste se termina de preparar se hacen juegos tradicionales como la carrera de sacos, el palo encebado, el sartén con monedas, la cucharilla y el huevo, el pozo de las monedas, piñatas, presentación de bailes y cualquier otra actividad de entretenimiento para las personas que se empiezan a congregar en la plaza para degustar el sancocho.

A las seis de la tarde se celebra una misa donde se lleva a cabo el acto simbólico de “recibir las cenizas. No hace muchas décadas Tarmas seguía este ritual más apegado al original de España, ya que, como cuentan los ancianos según Daniel Benítez, el día anterior el sacerdote encendía una fogata y celebraba la misa a las 8 de la mañana del miércoles de ceniza donde le colocaba una cruz de ceniza en la frente a los asistentes[10].

A pesar de que la penitencia de cuaresma significa 40 días en que no se debe comer carne a excepción del pescado, hoy día no hay una restricción rígida para los ingredientes del sancocho en Tarmas, en vista de que las condiciones climáticas han variado, así como las costumbres. Hasta hace tres generaciones aún los tarmeños vivían de la pesca junto con la actividad agrícola y la cría de animales[11]. Aunque Tarmas es un pueblo enclavado en las montañas del nor-oeste del Estado Vargas está muy cerca de la costa; esta ubicación geográfica le permitía una reserva significativa de pescado para la fecha de la cuaresma. Pero ya no es así, por razones económicas y culturales. Entonces, el ingrediente principal del sancocho hoy día puede ser también carne de res, o de pollo, o ambos, llamado cruzao. No obstante, siempre hay seguidores fieles que acatan la penitencia católica.

Mas, entre lo bacanal del carnaval y el abandonar la carne, el tarmeño en el fondo parece buscar siempre el momento para compartir en familia. He aquí donde se impone su más auténtico gentilicio: un sancocho preparado en cayapa da muestra de estos íntimos sentimientos de fraternidad. En la víspera del ritual cristiano de la cuaresma los pueblos occidentales víctimas de la colonización europea, atrapados culturalmente en los embelecos de la iglesia católica, hemos encontrado complejas y variadas formas de expresar nuestro legítimo espíritu gregario. Tarmas, pueblo de profundas convicciones de fe, no fue una excepción ante la prescripción obligatoria del carne levare (etimología antigua latina del carnaval: abandonar la carne), y también se unió a la preparación de la cuaresma. Si se trata de recordar que el hombre es polvo y que en polvo se ha de convertir, entonces aprovechemos de darle cierre a las fiestas con una última parrandita: enterremos la sardina ¿o el tocino?

Ya terminada la misa y listo el sancocho, La Sardina de Tarmas da paso a su última escenificación: el entierro. Una mujer vestida de negro actúa como la viuda rodeada del resto de los cultores que llevan la sardina en su urna para ser enterrada. Todos hacen gestos de llantos y lamentos trasladándose en procesión hasta el lugar donde enterrarán La Sardina, mientras cantan:

Eh, eh, eh, que La Sardina se murió

Eh, eh, eh, ya la llevan a enterrar,

 seguido de un responsorio entre la guía y el coro:

Y a Simón que le den

                                   un palo por donde es

                                   y a Simón se le da

                                   un palo por la mitad.

                        Ay Simón

                                   que tu mujer me está celando

                        ay Simón

                                   que me vienes conversando

                        ay Simón

                                   no te pongas tan celoso

                        ay Simón

                                   que tienes cara de oso…

Musicalmente podemos distinguir este otro momento de la parranda, específicamente en el ritmo por el carácter que adopta de la típica guasa de los estados centrales costeros venezolanos; y en la tonalidad, que ahora es menor a diferencia del primer canto. Esta alternancia de versos improvisados de la guía puede mantenerse por un buen rato, dependiendo del estado de ánimo de los asistentes. Seguidamente, manteniendo el ritmo pero ahora en tonalidad mayor, una vez enterrada La Sardina, cantan:

Fo, fo, fo, que La Sardina se murió

Fo, fo, fo, que La Sardina se murió…

 

Durante la parodia aprovechan los que tienen más talento histriónico con improvisaciones musicales y teatrales que sirven de catarsis a todos los presentes.

En medio de la algarabía muchos no se percatan de que lo que se entierra no es La Sardina sino un pedazo de tocino[12], lo cual representa el pecado. Ante la simbología cristiana los creyentes tejen sus propias explicaciones. ¿Qué es lo que se va recogiendo por las casas? “Estás recogiendo todos los pecados… Al final es tan sencillo como un gesto comunitario: metes todo lo que recogiste en una olla, lo cocinas y lo compartes”.[13] Pero también necesitas enterrarlo. ¿Por qué el pecado se manifiesta en una verdura, en una colaboración? Es un símbolo de repente es la riqueza, la que tú tienes y quieres compartir… Como es el inicio de la cuaresma necesitas estar limpio, estar puro para pasar esos días.[14]

Seguidamente, ya de noche, se sirve el sancocho. Es costumbre que los asistentes se presenten con sus platos, ollitas y hasta totumas con sus cucharillas. Tampoco falta el aguardiente para mantener los ánimos.[15] Daniel Benítez pudo recoger entre sus investigaciones y recuerdos propios que al final se limpiaba todo y se terminaba con una fiesta de joropo, donde además se bailaba guacharacas, valses y corridos hasta la media noche.[16]

Al cierre, no podemos dejar de comentar el trayecto metodológico que hemos recorrido para aclarar tantas interrogantes después de nuestra primera observación de La Sardina de Tarmas. Interrogantes que entre tarmeños y observadores nos hemos ido respondiendo en un diálogo que busca enriquecernos mutuamente. Por una parte, las y los estudiantes, las y los profesores, quienes nos asumimos como sujetos de lo estudiado y, como tales, actuamos sin temor a la subjetividad de nuestra conciencia histórica. Y por la otra, las y los cultores, portadores de los múltiples significados que construyen, desde los más íntimos rituales, nuestra identidad venezolana. Ambos, aportando, en este edificio de saberes, nuestras herramientas y técnicas, nuestra ciencia y nuestro arte, para contribuir en la definición consciente de nuestras tradiciones, y su valor liberador.

Es gracias a esta perspectiva científica, que busca transformar nuestra realidad para un vivir viviendo, que hemos podido, juntos, llegar a dilucidar las sutilezas que le dan identidad y carácter de propiedad tarmeña a esta manifestación, traída de lejos en la que, en apariencia, confunden sus parentescos. Sólo a través de este diálogo abierto, sincero y solidario es que hemos avanzado, un poquito más, en este largo viaje hacia nosotros mismos.

Algunas de las organizadoras cultoras de la tradición de La Sardina en Tarmas y colaboradores: Neudys León, Silvia Tortoza, Rosa Mercedes Marrero, María Benítez, Evangelista León, Norvic González, Edie León, Paulina León (Pillín), Isolina Méndez, Liseth González, Sol Méndez, Marta Pedrad, Simón Díaz, Deyviz Yánez, Victoria Lozano Mayora, Jéssica Cedeño, Yusmary Yánez, Rafael Díaz, entre muchas personas que se apegan a este encuentro.

DSCN5436 klParada de La Sardina frente a una casa. Foto: Adriana Peña, Tarmas, 18/02/2015

 

REFERENCIAS

Benítez Daniel, 1993, Tarmas, historia y tradición, Universidad Central de Venezuela, Caracas.

http://www.venezuelatuya.com/tradiciones/el_entierro_de_la_sardina.htm [consultada el 30/06/15]

http://www.carnavalesdelcaribe.com/site/2013/06/19/carnaval-de-la-city-panama/ [consultada el 01/07/15]

https://www.gvsu.edu/cms3/assets/F8585381-E4E9-6F8E-F7EE2083CCE4F9AC/2011/reportajes_-_el_entierro_de_la_sardina.pdf [consultada el 12/08/15]

http://www.donquijote.org/cultura/espana/sociedad/fiestas-y-celebraciones/entierro-de-la-sardina [consultada el 28/08/15]

http://contemplalaobra.blogspot.com/2011/03/goya-el-entierro-de-la-sardina.html [consultada el 10/09/15]

http://www.carnavales.com.es/espana/entierrodelasardina.htm [consultada el 12/09/15]

 

ENTREVISTAS

Daniel Benítez, cronista de Tarmas, Tarmas, 31 de enero de 2015, Conversación con UNEARTE

Paulina León, cultora de Tarmas, 05 de marzo de 2014, por Ruth Suniaga

Silvia Tortoza, cultora de Tarmas, 05 de marzo de 2014, por Ruth Suniaga

Daniel Benítez, cronista de Tarmas, Caracas 25 de septiembre de 2013, por Ruth Suniaga

Deyviz Yánez, músico y cultor, Tarmas 22 de febrero 2012, por Katrin Lengwinat

 

 

[1] Musicóloga del Área de Investigación de Artes Tradicionales, adscrita a la Dirección General de Producción y Creación de Saberes. Unearte.

[2] Cultora de Tarmas, colaboradora del Proyecto Tarmas del Área de Investigación de Artes Tradicionales.

[3] Diminutivo de cerdo = cerdo pequeño.

[4] Katrin Lengwinat en entrevista al músico y cultor Deyviz Yánez, Tarmas 22-2-2012

[5] Su construcción y ubicación están históricamente vinculadas a la identidad administrativa-jurídica de toda la parroquia Carayaca, según Daniel Benítez, cronista de Tarmas (entrevista, 25 de septiembre de 2013).

[6] Entremés o tapa.

[7] Término con el que los tarmeños designan a la cultora encargada de cantar las estrofas.

[8] Pote tipo alcancía destinado a recolectar algo de dinero que dan los vecinos a falta de verduras.

[9] Benítez Daniel, 1993, p.134.

[10] Benítez Daniel, 1993, p.133.

[11] Daniel Benítez, cronista de Tarmas (Conversación con UNEARTE, Tarmas, 31 de enero de 2015).

[12] Paulina León, cultora de Tarmas, entrevista, 05 de marzo de 2014.

[13] Daniel Benítez, cronista de Tarmas, entrevista, 25 de septiembre de 2013.

[14] Daniel Benítez, cronista de Tarmas, entrevista, 25 de septiembre de 2013.

[15] Silvia Tortoza, cultora de Tarmas, entrevista, 05 de marzo de 2014.

[16] Benítez Daniel, 1993, p.137.